DEFENSA NATURAL CONTRA EL COVID-19 e INMUNIDAD DE "REBAÑO"
DEFENSA NATURAL CONTRA EL COVID-19 e INMUNIDAD “DE REBAÑO”
Todos esperamos con ansiedad ganarle la batalla al COVID-19, que finalmente sea controlado por nuestro cuerpo y que, al igual que una gran variedad de microorganismos a los que nos exponemos, nuestro organismo genere una respuesta inmunitaria protectora permanente, es decir que podamos desarrollar anticuerpos espontáneamente, proceso conocido como inmunidad adquirida. Aunque el humano también puede ser capaz de superar esta contienda desarrollando inmunidad de rebaño o de grupo o colectiva para librarnos de esta y otras amenazas.
Estudios que se están llevando a cabo en países como España, como el llamado ENE-Covid-19 (Estudio Nacional de sero-Epidemiologia de la infección por SARS-CoV-2 en España), en su fase dos ya evidenció que solo un 5.2% de la población expuesta logra desarrollar inmunidad frente al nuevo coronavirus de Wuhan o SARS-CoV-2. Por ello recomiendan mantener la prudencia y la cautela en las fases de desconfinamiento. Estos resultados, para considerarse favorables, deben producir una protección de por lo menos el 60% en los expuestos al virus, cifra que aun se encuentra muy lejos de las reportadas.
Con los resultados de laboratorios de este estudio ENE-Covid-19, que continuaran realizándose durante algunos meses, se podrá determinar la evolución de la carga viral con el tiempo, pues se repite el laboratorio a las mismas personas. Hasta ahora este estudio ha podido determinar que el 2.5% de los pacientes asintomáticos presentan anticuerpos IgG (defensas producidas naturalmente por el cuerpo).
También el ENE-Covid-19 encontró que en los niños entre 1 y 9 años las tasas de inmunidad o desarrollo de anticuerpos, oscila entre 2,2% y 2,9% y que un alto número de niños, alrededor de unos 1.400 requirió hospitalización. En las personas menores de 65 se observó mayor inmunidad que grupos de edad mas avanzada (65 a 90 años). (https://www.mscbs.gob.es/ciudadanos/ene-covid/home.htm )
Pero, aunque nos encontramos frente a esta realidad, de una pobre respuesta inmunitaria colectiva frente al COVID-19 y a la poca capacidad de desarrollarla individualmente, no deberíamos desalentarnos y sentirnos tan vulnerables, sino que de manera audaz y determinada, al igual que en la preparación de cualquier tipo de batalla, acudir a estrategias para conseguir un sistema inmunológico entrenado, capaz de reaccionar y responder a tiempo y adecuadamente ante el ataque de este virus y cualquier otro microorganismo que pretenda invadir a nuestro cuerpo.
La evidencia científica, ha podido identificar la manera como penetra e invade el COVID 19 nuestro cuerpo. Se ha demostrado que el virus ingresa al cuerpo e invade a una célula llamada dendrítica que es el primer frente de defensa del sistema inmune, y logra llegar a su interior a través de diferentes procesos. Una vez afectada, el virus se multiplica en su interior a gran velocidad y se dirige a infectar a las células vecinas y así se va diseminando. Estas células invadidas activan a otras células, se liberan sustancias que activan a otras células y otras mas que intentan controlar la invasión viral. Logrando el objetivo en algunos casos y fracasando en otros.
Pero, cuando el sistema inmunológico no actúa correctamente porque no reconoce al virus o no puede actuar a tiempo o lo hace lentamente por alguna condición preexistente, como el caso de la inmunosenescencia (mayores de 70 años), favorece la reproducción incontrolada del virus; pero si actúa sin control de manera excesiva provocando respuestas exageradas induce una hiperinflamación descontrolada que conlleva a mas activación de células y liberación de sustancias sin control. Es esta inflamación desproporcionada la que favorece la formación de coágulos a nivel del lecho vascular de diferentes órganos como riñón, corazón, hígado, pulmón, cerebro, etc., provocando una falla multisistémica extremadamente grave que, si no se controla o modula, puede conducir a la muerte.
Esa es la explicación que, hasta la fecha, las investigaciones han revelado con respecto a la agravación de los pacientes y a la dificultad para respirar que presentan, condición que se considera como una de las principales causas de muerte y hoy se sabe que es debida a la formación de múltiples coágulos en el pulmón que impiden el funcionamiento de este órgano. Es ese estado, conocido como tormenta de citoquinas o hiperinflamación sistémica, el que hace que el sistema inmunológico desfallezca. A este nivel, de hiperinflamación y sus consecuencias, es donde se pretende controlar la infección en los pacientes graves a nivel hospitalario, con buenos resultados en algunos casos y en otros no.
En el proceso de ingreso a la célula, reproducción y sitios de acción del COVID, se han podido reconocer los mecanismos de acción de varias de las propuestas terapéuticas utilizadas a nivel hospitalario y en las UCI, así como también de algunos medicamentos que, hasta la fecha, no se les había atribuido una acción virusida ni inmunomoduladora. En ese sentido, la vitamina D3 es uno de los que mas aportes ha ofrecido como preventivo y como terapia en fases puntuales antes y durante la infección a unas dosis especificas.
Teniendo presente que todo este proceso desencadenado por el virus conlleva a una escalada de sucesos, es recomendable intervenir con medicinas y terapias alternativas, a través de diversos tratamientos y terapias inmunomoduladoras, con la finalidad de conseguir que la función centinela y de combate del sistema de defensas se encuentre reactivo, oportuno y eficaz, no lento o hiperactivo.
En cuanto a las terapias alternativas, la neuralterapia tiene una gran capacidad de modulación y control. Otro tipo de terapias han demostrado su efectividad con el aval de estudios científicos, publicados en revistas reconocidas. A todo ello, debemos sumar cambios en estilo de vida como el mejorar la actividad física, orientándola a renovar, tonificar, vigorizar y fortalecer la respuesta y funcionamiento osteomuscular, la oxigenación de tejidos y, a su vez, la función inmunitaria. Igualmente, una nutrición adecuada, según las condiciones de salud de la persona, ayuda a recuperar y mejorar el metabolismo y fortificar la respuesta inmune del cuerpo.
Las terapias ortomoleculares utilizan poderosos nutrientes tales como minerales, aminoácidos, ácidos grasos, vitaminas, etc., para recuperar y reponer funciones corporales deterioradas, como las del sistema inmunológico, a mejorar o tonificarlas, aliviar síntomas y malestares, respetando la biología humana.
Esta propuesta terapéutica se convierte en una gran esperanza y posibilidad de protección y control de la propagación y diseminación de este virus, permitiéndonos reintegrar a nuestra actividad laboral y social, al utilizar esta intervención tanto para prevención y en algunas situaciones, como terapia frente al COVID 19. Recomendable para personas con condiciones como los mayores de 70 años (inmunosenescencia), embarazadas, recién nacidos, infantes, personal sanitario activo y para la población vulnerable por presentar patologías o comorbilidades como la diabetes mellitus, enfermedad pulmonar, enfermedades cardiovasculares incluyendo la hipertensión, obesidad mórbida, cáncer en tratamiento activo, insuficiencia renal, inmunosuprimidos, etc., siempre teniendo en cuenta acudir a médicos especialistas entrenados en el manejo de este tipo de medicina y terapias.
SILVIA CADENA LUNA. MD








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